Parábola del sembrador

Parábola del sembrador

“Otra vez Jesús se puso a enseñar a orillas del lago. Se le reunió tanta gente junta a él que tuvo que subir a una barca y sentarse en ella a alguna distancia, mientras toda la gente estaba en la orilla. Jesús les enseñó muchas cosas por medio de ejemplos o parábolas. Les enseñaba de esta forma:

‘Escuchen esto: El sembrador salió a sembrar. Al ir sembrando, una parte de la semilla cayó a lo largo del camino, vinieron los pájaros y se la comieron. Otra parte cayó entre piedras, donde había poca tierra, y las semillas brotaron en seguida por no estar muy honda la tierra. Pero cuando salió el sol, las quemó y, como no tenían raíces, se secaron. Otras semillas cayeron entre espinos, los espinos crecieron y las sofocaron, de manera que no dieron fruto. Otras semillas cayeron en tierra buena, brotaron, crecieron y produjeron unas treinta, otras sesenta y otras cien. Y Jesús agregó: El que tenga oídos para oír, que escuche'”(Marcos 4, 1-9)PArabola del sembrador

Los judíos en aquella época hablaban de un reino de Dios que devolvería la libertad a su pueblo en la tierra de Israel. Jesús en cambio sostenía que Dios viene a reinar en medio de nosotros.

Cuando Jesús dijo El sembrador salió a sembrar, manifiesta como será recibido el Evangelio y cuál debe ser la actitud del que evangeliza o que trabaja dentro de la comunidad cristiana. El evangelizador siembra, y como el sembrador espera pacientemente las lluvias que fecundarán el terreno y la obra del Espíritu que abrirá los corazones. No se quejará si no ve le resultado de sus penas sino que mas bien dejará que Dios haga su obra, llamando  a los que quiere para sí.

Una parte de la semilla da fruto y se multiplica. El reino de Dios se lee en la vida y en los ejemplos de los santos conocidos y desconocidos. En todas partes del mundo el Evangelio ha inspirado hoy un sinnúmero de esfuerzos para crear comunidades y despertar la conciencia de los pobres y explotados, para que se hagan responsables de su suerte y que se liberen de las presiones de los grandes intereses económicos o de la opresión de las naciones fuertes.

Esas y muchas otras realidades han nacido de la Palabra, pero han tenido que madurar en el corazón de las personas de fe.

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