Viernes , 23 Junio 2017

Sacramentos de sanación

Los sacramentos de sanación son 2 de los 7 sacramentos de la iglesia católica y dan curación y misión a la vida de fe de los cristianos.

Estos son:

1. Penitencia y reconciliación

Al principio de cada celebración eucarística recitamos en común el “Yo confieso…” Oramos así porque cada uno de nosotros sabe que es un ser humano; un hombre o mujer que puede pensar y hacer algo malo, y cometer faltas respecto a Dios o a nuestro prójimo. Oramos así confiando en nuestro Señor Jesucristo que dijo “Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores”.

Este sacramento es el que antes llamábamos Confesión. Ahora hablamos de penitencia y reconciliación porque es el momento en el que confesamos nuestros pecados a Dios y el, en su infinita misericordia, nos perdona las faltas cometidas. El credo

El perdón de los pecados que proclamamos en el Credo, se realiza de forma concreta para cada uno de nosotros en el sacramento de la Penitencia. Todo bautizado puede recibir el sacramento de la Reconciliación por medio de un sacerdote que haya obtenido de la Iglesia la autoridad para hacerlo.

En caso de necesidad grave, cuando no es posible la confesión individual de las culpas, el sacerdote puede impartir a un grupo de personas el perdón y la reconciliación. Es una “absolución general”. Pero cada uno está obligado a hacer posteriormente la confesión individual de sus pecados graves.

En este sacramento conviene explicar que es un pecado mortal. El pecado mortal requiere de tres condiciones: el que tiene como objeto una materia grave y que además sea cometido con pleno conocimiento y deliberado consentimiento.

El pecado venial es cuando no se observa en una materia leve la medida prescrita por la ley moral, o cuando se desobedece al a ley moral en materia grave, pero sin pleno conocimiento o sin entero consentimiento.

2. Unción de los enfermos

Cuando las personas se enferman, su vida cambia. A menudo no pueden cuidar de si mismas y dependen de la ayuda de otros. No pueden ir hacia otras personas y deben esperar a que vayan a ellas. Con frecuencia se quedan solas y pierden el ánimo y la esperanza.

La Unción de los enfermos no es sólo el sacramento de los que están a punto de morir. Puede administrarse a quienes se hallan en peligro de muerte por una enfermedad grave, pues toda enfermedad nos hace vislumbrar la muerte.

El efecto propio de este sacramento es un don del Espíritu Santo, que otorga al enfermo la gracia del consuelo, la paz y el buen ánimo; renueva la confianza y su fe en Dios, y lo fortalece contra las tentaciones de desaliento y angustia. En algunos casos, si Dios así lo dispone, el sacramento puede obtener la curación del enfermo, como signo de que Dios ha visitado su pueblo y su Reino está cerca.

El sacramento de la unción de los enfermos puede administrarse en el hospital, en la propia casa, en una iglesia, para un solo enfermo o para un grupo de enfermos. Siempre que sea posible, es conveniente que se celebre en forma comunitaria, dentro de la Eucaristía en la cual los enfermos puedan comulgar.

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